domingo, 19 de octubre de 2008

Ciudad interior a la Pared de Cienfuens


De encuentro en encuentro; 2 semanas después del encuentro "oficial" en el valle de Leiva, una iniciativa particular con difusión limitada permitió que unos cuantas personas nos reunieramos en Cienfuens.

Cienfuens, una pared frecuentada sólo por unos pocos con un gusto especial por la aventura. Las características del lugar dificultan la masificación, para llegar se debe transitar por una larga pista desanimando a más de uno, y en cuanto a la pared también hay factores que no la hacen excesivamente deseada: roca de calidad variable de una extremo a otro; equipamiento justo en la mayor parte de las vías y sobretodo mucha verticalidad.
Actualmente un nuevo impedimento se añade a los filtros detallados al estar regulada la escalada y pudiendo solo hacerlo de agosto a noviembre para proteger la reproducción de ciertas especies catalogadas según el Decreto 48/1995.

Pero no todo son inconvenientes. Una vez situados en el refugio de Peña Guara en Belsué, que aprovecha la una de las antiguas contrucciones para la construcción de la presa, la aproximación a las vías es cómoda, el regreso tras la escalada también lo és con un suave descenso. existen numerosas fisuras con amplias posibilidades de autoaseguramiento, eso sí, hay que ir siempre cargado con un amplio surtido de material. El entorno es más que agradable, lejos de nucleos habitados.

En definitiva un lugar para románticos y amantes de la aventura, por tanto no podía dejar de ir.

Y con quién mejor que con Albert Salvadó, gran amante y aperturista en esta pared. Aunque la via escogida no era una de sus rutas, se trataba de la que estaba más seca tras una noche lluviosa. Poco comentaré de la vía, vertical, roca variable y pocas expansiones, pero es lo que hay en esta pared.

Pues bien, en este lugar en el que es difícil coincidir muchas cordadas se reunieron más de 30 personas motivadas por una de las cosas que más acostumbramos a hacer los escaladores: compartir. Asistieron franceses, catalanes y, como no, gente de la tierra, abiertos y hospitalarios como pocos.

Para que no todo fuera escalada, y poder aprovechar las horas sin luz, también hubo un buen fuego por donde desfilaron pan, patatas y mucha carne, que desapareció rápidamente para recuperar fuerzas tras un día de actividad; unos escalando, a pesar de lo dudoso de la climatologia, y otros paseando por los alrrededores del embalse. No faltó la bebida, cerveza y vino en abundancia

El volumen de las conversaciones era alto, pero el interés por conocer los itinerarios existentes, planificar nuevos proyectosdebatir sobre ética y otras cuestiones personales, era aún más alto y nada importaba. Cual torre de Babel se entremezclaban las lenguas francesa, catalana y castellana, pero en este caso sin ningún tipo de problema, al contrario, cada uno hacia su aportación para comprender y ser comprendido.
Cuando descendieron las ganas de conversar y aumentaron las de bailar, apareció la música aunque de corta duración al no disponer de corriente eléctrica.

Todos coincidimos al día siguiente sobre el convencimiento de que este tipo de reuniones debe fomentarse.

Llegamos de distintos y lejanos lugares, en grupo reducidos y marchamos incrementando la lista de amigos con los cuales poder escalar o simplemente compartir.